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07/02/2018

El Camino de los Yungas: la carretera más peligrosa del planeta

El Camino de los Yungas (Bolivia) se conoce popularmente como la Carretera de la Muerte. Esta vía ha sido durante décadas un trayecto obligatorio para cualquier tipo de vehículo. Trabajadores y conductores de La Paz se jugaban la vida para viajar hasta la región minera de los Yungas, y viceversa. Durante mucho tiempo, estos 80 kilómetros de tierra y piedras fueron la única conexión entre la selva amazónica boliviana y la capital del país.

El camino apenas presenta un ancho de cuatro metros y medio, incluso en algunos puntos no consigue pasar los tres metros. El Mirador del Diablo, la Curva de la Muerte, el Puente del Diablo, el Cerro Rojo... son algunos de los puntos más mortíferos del recorrido, la nomenclatura del lugar lleva a creer que se está más cerca de la otra vida que de la propia tierra.

Su origen se remonta a la Guerra del Chaco, en 1930. Se dice que la construyeron esclavos y prisioneros paraguayos capturados durante el conflicto entre los dos países sudamericanos.

Tal y como aseguran los lugareños, esta es la única carretera de Bolivia en la que se conduce por la izquierda. De este modo, los conductores que suben pueden ver mejor el borde del camino. El que baja, cede. Un malentendido podría ser fatal.

A 4.700 metros de altitud no hay guardarraíles, lo que sí hay son curvas de casi 180 grados. La caída en algunos puntos es de 800 metros. Hasta 2006, en esta carretera morían entre 100 o 150 personas anualmente. Sin embargo, desde que existe una vía alternativa, ya pocos la usan y los fallecidos apenas son 30 o 40. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), hasta que se construyó el camino alternativo hacia La Paz había un promedio de 209 accidentes y 96 personas muertas cada año.

Por eso mismo, en 1995 el BID le otorgó al Camino de los Yungas el título de la carretera más peligrosa del mundo.

La vía es un estrecho saliente tallado en plena montaña vertical. Paredes rectas por encima y por debajo de la carretera. Niebla y lluvia que tantas veces, según los que conocen este lugar, ha sido la artífice de trágicos desprendimientos de tierra.

En todo el trayecto, es normal divisar cruces a ambos lados de la carretera, recuerdan a las vidas que se perdieron entre las rectas paredes de la montaña. Uno de los crucifijos rememora un accidente de 1983, cuando murieron 100 personas al precipitarse al vacío el autobús en el que viajaban.

Hoy, se puede afirmar que los mayores beneficiados son las empresas que organizan descensos en bicicleta. Desde 1995, cuando comenzaron las travesías lúdicas sólo han muerto 29 ciclistas despeñados.